jueves, 21 de agosto de 2008

El hígado de pato (Foie gras), una "delicia" que esconde una tortura espantosa

Izda: hígado de pato normal
Dcha: hígado de pato para foie gras

Artículo extraído de la Fundación Altarriba ( www.altarriba.org ), en el que se describe la realidad que hay detrás de una de las "exquisiteces culinarias!" más demandadas: el Foie Gras o Hígado de pato engordado. Nos hablan de su sabor y de su valor nutritivo, pero nunca nos cuentan que para obtenerlo, esos animales sufren un padecimiento terrible, difícil de imaginar. Cada vez que nos llevemos un bocado de Foie Gras a la boca, deberíamos de pensar cómo se ha conseguido y recordar las imágenes que se muestran a continuación.


LA VERDAD QUE SE ESCONDE DETRÁS DEL FOIE GRAS

El Foie gras (literalmente 'hígado gordo') es el hígado enfermo de una oca o un pato que ha sido obligado a ingerir comida varias veces al día, mediante un tubo metálico, de unos 20 a 30 cm de largo, que se introduce a través de su garganta y hasta el estómago. Para obligar a su cuerpo a producir foie gras el ave debe tragar en pocos segundos una enorme cantidad de grano. La consecuencia es que su hígado crece hasta diez veces su tamaño normal, y el ave enferma de esteatosis hepática. Un hígado normal pesa unos 50 gramos, pero para obtener la denominación de foie gras, las normas de esta industria alimenticia exigen que alcance un mínimo de 300 gramos. Si el ave lucha por liberarse cuando el tubo atraviesa la garganta, o si el esófago se contrae por inducción al vómito, corre el riesgo de asfixia y de perforación del cuello.

La introducción del tubo provoca lesiones acompañadas de infección por gérmenes y una inflamación muy dolorosa. La alimentación no equilibrada, y forzada en cantidad, provoca con frecuencia enfermedades del sistema digestivo potencialmente mortales. Inmediatamente después de cada sesión de alimentación forzada el ave sufre ahogo y diarrea. El crecimiento anormal del hígado le impide respirar y hace que todos sus movimientos sean extremadamente dolorosos. Si este tratamiento se realiza de forma continuada, provocará la muerte de los animales. Se llevan al matadero antes de que la muerte les llegue como consecuencia de lo que les han hecho. Sin embargo, los más débiles ya llegan a la sala del matadero en estado agonizante, y muchos de ellos ni tienen tiempo de ser rematados allí: el índice de mortalidad de estas aves es entre diez y veinte veces más alto de lo normal durante el periodo de alimentación forzada.

La violencia inherente a la producción del foie gras justificaría por sí misma la prohibición. Pero para muchos de estos animales, el infierno que atraviesan no se limita a la brutalidad de la alimentación forzada. A muchos de ellos se les arranca parte del pico sin anestesia, con unas tenazas o unas tijeras. Es propio de los patos pasar gran parte de su vida en el agua. En estas “granjas”, muchas aves están encerradas en cobertizos, dentro de cajones en los que el suelo de tela metálica les destroza las patas. Las cajas son tan diminutas que las aves no pueden ni darse la vuelta, y mucho menos levantarse o agitar las alas. Muchos de los que sobreviven hasta llegar al matadero sufren fractura de los huesos durante el transporte y la manipulación, y todo esto para que finalmente los agarren por el cuello y los electrocuten antes de cortarles el cuello. Las hembras se suelen triturar vivas o se gasean al poco de nacer, porque su hígado tiene más venas que el del macho y es menos aprovechable.

¿Cómo puede, el simple placer de comerse un hígado, justificar que se imponga una vida tan terrible a un ser vivo que, como nosotros, puede sentir el dolor y la angustia? ¿Tenemos derecho a permanecer sordos ante este sufrimiento, y a no dar la cara contra esta esclavitud inmoral, sólo porque pertenecen a otra especie?. Hay leyes que protegen a los animales contra la tortura y la crueldad. Hay un quebrantamiento deliberado de estas leyes en el caso de los 30 millones de animales que cada año se usan para el foie gras, sobre todo en Francia. Nos dicen que el “sufrimiento necesario” es aceptable. Pero consumir este producto es absolutamente innecesario. Nadie, ni siquiera lo que se lucran de este comercio, puede afirmar lo contrario. El precio por kilo del foie gras va bajando en el mercado para el bolsillo de los compradores, mientras que los animales, con el martirio deliberado de su cuerpo, lo pagan muy caro cada día. Francia también está pagando caro por el foie gras; se ve como un país reaccionario comparado con aquellos otros en lo que está prohibida la producción. ¿Pero cómo podéis decir que es una tradición de alta cultura esa costumbre bárbara de meterle un embudo o un tubo de goma por la garganta a un animal enjaulado?.

www.altarriba.org
www.vidauniversal.org
www.equanimal.org
www.igualdadanimal.org
www.liberaong.org


1 comentario:

David TTT dijo...

Hola.
Antes de nada, perdona que te escriba esto como un comentario, pero es que no vi tu email en el tu blog
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